Jurassic World - Desextinguiendo

"¡Dadme más dinos!", grita nuestro niño interior.
La emblemática saga que saca expresiones de fascinación en muchos rostros sigue funcionando en la gran pantalla. Esta vez, J.A. Bayona se ha encargado de la dirección de la segunda parte de Jurassic World, que lleva por nombre "El reino caído".
Imagen de la película Jurassic World - El reino caído

Cada vez somos menos los que recordamos que fue la mente de Michael Crichton la que dio forma al parque de ciencia ficción más famoso de la literatura. Jurassic Park nos dio una trilogía magnífica en los años 90 y la actual sucesora -y también conectada a la original- que ahora disfrutamos sigue un nostálgico paralelismo en sus tramas. Algo sin lo que los productores perderían al público adulto, que de forma inconsciente exigen homenajes a las películas originales. La aparición (aunque sea en lienzos, recuerdos o entrevistas) de personajes como Hammond o el Dr. Malcolm es lo que nos vincula a un metraje que pretende formar parte del elenco de buenos recuerdos cinematográficos de la generación Z.

La película, como es de esperar de cintas vigiladas de cerca por viejos lobos como Spielberg desde la producción ejecutiva, nos mantiene pegados al asiento hasta el final. Tenía miedo de que los guionistas estuvieran de alguna manera presionados por los continuos señalamientos que ha sufrido Hollywood por los defensores de la corrección política y que tanto daño están haciendo a sagas igual de emblemáticas como Star Wars, donde se introducen personajes planos emocionalmente, absolutamente nada parecidos a lo que somos y sin unos valores interesantes bajo los que podamos generar buena empatía. El equipo de Jurassic World parece haber aprendido (en parte). Es un alivio ver que, o lo hacen muy bien para que los espectadores de quejido moral fácil no salten, o bien están logrando ya superar (o hacer oídos sordos) a está a cansina etapa del "hating" sistemático.

En cuanto al debate planteado, que es lo que nos interesa -y que ya planteó en su momento su cinta paralela de los 90, 'El mundo perdido'-, está bastante claro. Pon distancia con aquellos seres que puedan ponerse por encima tuyo en la cadena alimentaria, incluso si los has creado tú. No obstante, y ya que has jugado a ser Dios creándolos, protégelos, sin invadir su espacio y procura que vivan todos de forma autosostenible sin que necesiten de tu mano. Después podremos plantearnos si has sido artífice de tu propia extinción, ya que esa desextinción jurásica no vas a poder contenerla en una isla para siempre.

El propio Malcolm lo decía en "El mundo perdido": La vida se abre camino.

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