Un cometa que vuelve

Algo que he aprendido desde que me dedico a la escritura es que donde parece que eres tú quien deja algo a los demás a través de la obra, sientes una corriente de vuelta que la obra te aporta a ti. Esto parece ilógico, sobre todo para los que trabajamos la ciencia ficción. Parece violar el principio más físico que a mí me gusta expresar de forma más campechana: "De donde no hay, no se puede sacar."
Entonces, ¿qué puede aportar al autor algo que ha salido de él?


La primera pista te la dan tus propios lectores, que de forma increíble te cuentan análisis y visiones de los mundos que has creado y que tú mismo no habías visto así. Otros demuestran un admirable dominio del trasfondo de tu mundo en ocasiones superior al tuyo, y que reconozco que me ha hecho sentir a veces un impostor en mi propia obra. Esa sería la primera retribución que te aporta la escritura cuando la lanzas a los lectores. La historia en movimiento coge una estela y acumula las emociones que generas en ellos -como un cometa- para luego volver a ti.

Y es algo muy grande. Con Domus lo he sentido por triplicado. Todos los que me leéis me habéis trasladado cosas muy bonitas e interesantes. Habéis confirmado ciertas tesis que tenía sobre los mundos futuristas no distópicos. Entre ellas la más importante: "Los futuros oscuros generan intriga e interés, pero los futuros brillantes generan ilusión y adrenalina." Sobre todo si mantienes el universo dentro de lo verosímil respecto al tiempo presente.
Creo que esa es la clave para que oiga expresiones en lenguaje más actual cuando un joven lector se enfrenta a Domus por primera vez, tipo: 'Da puto hype'. (Creo que esa es mi favorita)

Después viene otro aporte extra de la obra hacia su autor, muy edificante también. Cuando ya has concluido la historia, la has publicado y has podido reposar la mente de tanto ciclo de autolectura, tus creaciones comienzan a hablarte. También es difícil releerse entonces, ya que mientras lees ves formas de contar la historia que ahora no utilizarías, pero sabes que ya no debes tocar nada, puesto que esa es tu obra en su tiempo. Uno debe limitarse a recoger y aprender de esas últimas lecciones que el cometa te da al impactar de vuelta en tu mente, y aprovecharlo para que la siguiente obra sea mucho mejor.

Por último, también se siente agradecimiento. Hacia los que te apoyaron desde el inicio, a los empujones en los momentos adecuados, a la editorial, a tus lectores y a todos los que te visibilizan porque creen en en ti y en tu obra.
Un agradecimiento que no me cansaré de expresar y que, de momento, solo puedo comenzar a hacerlo desde este próximo 23 de Mayo, donde la trilogía Domus estará completamente publicada y accesible para disfrute de todos.

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