Bola de cristal 2019-2020

ME HE EQUIVOCADO.

Me explico, estoy trabajando en mi cuarta novela. Una obra que me llevará unos dos años de investigación y redacción. Algo de mayor tamaño.
Desde el día en que me sentaron en la trona de la AEAE (Asociación de Escritores y Artistas Españoles) me dijeron algo muy sencillo: "Guille, ya no puedes decir a partir de ahora que era tu primer día". Desde este momento si publicas una basura de novela es responsabilidad completamente tuya. 

"...los escritores de este género estamos obligados de facto a abrir decenas de fuentes de información para estar al día, descartando lo viral y estéril sobre lo científicamente viable o transformable en esas "realidades tecnomágicas" que tanto enganchan."

La ciencia ficción me obliga a estudiar mucho más de lo que esperaba. Me hace agotarme mucho, pero soy feliz haciéndolo. Es ese masoquismo inherente a los hobbies de verdad.
El caso es que los escritores de este género estamos obligados de facto a abrir decenas de fuentes de información para estar al día, descartando lo viral y estéril sobre lo científicamente viable o transformable en esas "realidades tecnomágicas" que tanto enganchan. También descartamos lo viralmente caduco, y nos centramos en la información que "sienta armazón" en el tiempo. Todo ello con el objetivo de generar modelos de futuro en los que podamos enmarcar nuestros personajes e historias.

Junto a otros compañeros de pluma con los que gustoso te vacías una botella de vino y hablas de lo que vendrá, puedes contrastar la viabilidad de esos modelos en el tiempo, concediéndote versiones realistas de lo que pasará en el futuro. Para resumir, jugamos a la 'Bola de cristal', pero con un estudio algo más serio y trabajado detrás que lo que te puede dar un Rappel, un Sandro Rey o una Aramis.
(De hecho nuestro ratio de aciertos/fallos de momento va bien. Desde 2015 fuimos capaces de predecir 2017 en adelante con bastante acierto.)

Y sí, en ese modelo realista que me guardo normalmente solo para mí, ME HE EQUIVOCADO.
Los que me conocen bien, saben lo pelma que soy en mi cruzada contra la corrección política, los movimientos identitarios en clara búsqueda de poder ocultos tras consignas aparentemente justas, la insturmentalización política de las causas, lobbys derivados y un largo etcétera postmoderno.

Pensaba que en 2020 íbamos a tener más de lo mismo magnificado: nuevos credos identitarios montados sobre luchas sociales, censura, postcensura, una clase política no solo mentirosa -como siempre- sino también infantilizada, etc.

Pues sí, vamos a tener eso. Pero todavía peor.

Las fuerzas en este universo vienen emparejadas. Para cada acción hay una reacción, y cuando lees sobre todo tipo de movimientos y contramovimientos actuales y alcanzas el punto de escalada en el que puedes elaborar una curva temporal coherente, te pones a escribir.
Ganar esa visión cuesta muchísimas horas y dioptrías... y a veces también disgustos.
Lo peor de todo es que tampoco puedes hablar de ello sin que te tomen por un presuntuoso o una especie de pedante "Sheldon de letras".
Con lo que al final muchos jugamos en el mundo real el papel de chico callado, tranquilo y sonriente mientras escuchan salvajadas como que "el cambio climático no existe" o en el extremo contrario "el que se tira pedos es un terrorista ecológico".

Y sí, me he equivocado. Todo lo de antes no es el problema.
Al final hay que admitir que muchos de los movimientos absurdos de la postmodernidad nacen de la idea genuina por parte de sus acólitos de querer ser mejores personas y hacer del mundo un lugar mejor. Uno podrá ser todo lo realista que quiera, haber leído más de lo que le cabe en la cabeza o saber desmontar argumentos valiéndose de la quintilla como un poeta del siglo XV, pero no tiene ningún derecho a quitarle esa sensación de elevación a las personas que deciden abrazar un movimiento.
Vamos, más que derecho, lo que no tiene es ni tiempo, ni energía...
El problema, si acaso, vendría cuando se presenta la instrumentalización de esos movimientos y se convierten en un negocio -como es el caso del feminismo- que se alimenta de tus impuestos. Ahí es cuando centras el tiro, y diriges la manguera, hacia ese movimiento en particular, apagándolo con paciencia, tiempo y datos -el agua que más teme el fuego identitario-.

"... igual de malo es un negacionista absoluto del cambio climático, como el paladín de la moral que aspira a lograr la competencia en exclusiva de repartir el carnet de "persona ecológica" según su sesgo y sus pautas de instrumentalización de esta importante lucha."

Voy al grano.
Hace poco estuve investigando sobre el cambio climático casi al mismo nivel de dominio que cuando me zampé las obras insignia de todas las feministas del siglo XX (y algunas del XXI...)
Ahí descubrí que igual de malo es un negacionista absoluto del cambio climático, como el paladín de la moral que aspira a lograr la competencia en exclusiva de repartir el carnet de "persona ecológica" según su sesgo y sus pautas de instrumentalización de esta importante lucha.
(Tenéis video en el canal de FUTUROFILIA sobre esto más en detalle)



Vi dos fuerzas claras. "Jose Luises Torrentes contra Lisas Simpson."
OK. Hasta ahí todo normal en la estructura clásica de una "cultural battle" en sus extremos, que cuando la ves junto a las demás entiendes mejor el concepto de Guerra Cultural.

Pero no fue hasta la siguiente linea de investigación cuando vi todo más claro.
¿A qué nos vamos a enfrentar también culturalmente hablando?
Mientras trabajaba la parte de estimación en la demografía, causas del invierno demográfico sobre el que me habéis podido escuchar hablar por la radio, el descenso de las ganas de trabajar relaciones etc. entré a leer sobre otros movimientos "contra-postmodernos" (si los podemos llamar de esa manera). Los surgidos a la sombra de sus opuestos.

Es decir. Guay, veo que estos también tiran contra el mensaje hegemónico de los medios, los pesaditos de Twitter, paternalistas y cibercuñados de secta fácil. Fuentes tentadoras para hacer "cherry picking" de recursos que desmonten los unicornios culturales que nos intentan meter a martillazos.

El ejemplo más revelador y alarmante fue el de los MRA (Men Rights Activists) y el de los MGTOW (Men Going Their Own Way). Sobre todo de estos últimos, ya que a los primeros se les entiende mejor.
Escuché todos los videos y podcasts de los representantes MGTOW más influyentes en las redes para hacerme una idea de cómo había surgido este grupo. El algoritmo de recomendación de Youtube, de hecho, me catalogó durante una temporada como simpatizante de estos señores (y me costó bastante volver a ubicarlo en intereses más míos).
En un momento dado, llegué a plantearme hacer personajes contraculturales que bebieran de algo de estos colectivos (tanto villanos como héroes), pasándome por el forro los lloros de muchos que me pedían que no escribiera sobre estos colectivos porque suponía darles visibilidad de forma indirecta. Y en efecto, me sigo pasando por el forro esos lloriqueos. Tú en la actualidad si le dices a alguien sobre qué escribir y sobre qué no, eres un censor de mierda más. Los escritores escribimos sobre lo que nos sale de la punta del fornite, y particularmente yo funciono muy bien con psicología inversa.
"Guille, no escribas sobre los MGTOW". ¡Pum! Artículo enterito.
"Guille, no visibilices X tema". ¡Pum! Monográfico completo + memes mofándome del ofendidito.

Y me quedo de a gusto...

"Un MGTOW y una feminista radical tienen muchísimo más en común de lo que parece. Ambos parten de fuertes historias de disconformidad, desencuentros o frustración en lo que a relaciones sociales se refiere, y buscan un constructo turco en el que echar las culpas de los males que les aquejan (ellos lo llaman 'ginocentrismo', ellas lo llaman 'patriarcado')."

Bendito el día en que decidí aplicar la regla de las "tres vueltas" (repensar lo que crees tres veces dispuesto a modificarlo con el tiempo)

Y es que en el grupo antes mencionado averigüé de forma concluyente que:
  • El nacimiento -y sobre todo el crecimiento- de los MGTOW es una consecuencia de la entrada del feminismo hegemónico en las instituciones (aunque se empeñen en negarlo).
  • A diferencia de los MRA, no se consideran un movimiento, sino una corriente filosófica propuesta. Lo que les da un aura "underground" muy atractivo a chavales que se mueven por las redes temerosos de la corriente PC (Political Correctness) de los países occidentales.
  • Son catalizadores -conscientes o no- del invierno demográfico y del fin de las relaciones hombre-mujer que puedan dar oportunidad a descendencia. Y más peligrosos en ese aspecto que un ecologista radical que aliente a no tener descendencia por reducir al ser humano a un emisor de dióxido de carbono.
"Por eso, me equivoqué. Me faltaba algo. Aunque luchemos contra las políticas identitarias, en las guerras culturales no se cumple la regla del "enemigo de mi enemigo...", simplemente son juegos de pares de fuerzas enfrentadas, cuyo conflicto no está generando construcción, sino destrucción. Por tanto el objetivo no es que uno de los bandos se erija como vencedor cultural, sino que el éxito radicaría en que no hubiese conflicto."
Un MGTOW y una feminista radical tienen muchísimo más en común de lo que parece. Ambos parten de fuertes historias de disconformidad, desencuentros o frustración en lo que a relaciones sociales se refiere, y buscan un constructo turco en el que echar las culpas de los males que les aquejan (ellos lo llaman 'ginocentrismo', ellas lo llaman 'patriarcado').


La elaboración de sus idearios sigue una estructura muy similar. Podríamos decir que litúrgica y dogmática, sustituyendo así el vacío que dejó la muerte de Dios nietzschiana. Y que por ello la gente interioriza en esta era de forma mucho más fácil como mensajes válidos, espirituales y necesarios para "hacer del mundo un lugar mejor".

Y, sin embargo, son igual de peligrosos en el largo plazo.

Por eso, me equivoqué. Me faltaba algo. Aunque luchemos contra las políticas identitarias, en las guerras culturales no se cumple la regla del "enemigo de mi enemigo...", simplemente son juegos de pares de fuerzas enfrentadas, cuyo conflicto no está generando construcción, sino destrucción. Por tanto el objetivo no es que uno de los bandos se erija como vencedor cultural, sino que el éxito radicaría en que no hubiese conflicto. Algo bastante complicado faltando tanto trabajo individual de control de sesgo y la facilidad de exponer nuestro ideal de convivencia.
"La bola de cristal me lanza el mensaje de oponerme a los movimientos postmodernos de supremacía moral, pero también contra los "anti-postmodernos" de la misma naturaleza surgidos de estos primeros."
Ahora estoy viendo a chavales jóvenes abrazar la filosofía MGTOW con toda la barbaridad que ello conlleva según su ideario: rechazar las relaciones a largo plazo con mujeres (sentimentales y sexuales), producir para ellos mismos, el protocolo "Dejadlas en paz" (que disminuye el mercado de opciones de buenos tíos para ellas, vacía discotecas o entornos de socialización, etc.) y, en casos extremos, desvincularse de la sociedad. Todo ello alimentando el miedo base de que relacionarte con mujeres es tomar un riesgo que te puede llevar a la ruina -discurso piedra angular de esta filosofía-.



Al margen de los movimientos postmodernos que ya tenemos, esta filosofía es también un problema, y creo que hasta más grave. Ya que una feminista, generalmente, lo es de cara. Pone su nombre y apellidos, se expresa libremente, la puedes ver. Pero a un MGTOW no. Casi la totalidad de los MGTOW lo son en secreto. Divulgan la filosofía bajo nicks y pseudónimos y comparten consejos orientados a desaparecer del mercado sexual y de las relaciones.

Y son cosas aparentemente inocentes. Por ejemplo, chavales jóvenes que sustituyen opciones de ocio con posibilidades de sociabilización por opciones más ""seguras"" como quedarse en casa echando un FIFA por si una chica los acusa de "abuso" al intentar ligar con ellas. O el empleado guapo, buenorro fitness y eficiente que no lo verás por un "afterwork" ni aunque le digas que le invitas tú a las copas. El que "no se deja ligar", pero que es amable contigo. El de "como amigos genial, más que eso no puedo" (¿Te suena?, ¿Y a que suena todavía más raro si te lo suelta un tío?)

La mayoría de ellos en debate son cerradísimos. Repiten su ecosistema de términos de forma ensayada igual que las feministas hegemónicas y casi nunca se puede sacar alguna perla de interés cuando charlas con ellos. Sus oponentes en ideas (feministas e instituciones afines) los tachan incorrectamente de misóginos y supremacistas masculinos, alimentando y reforzando todavía más el factor de victimismo del que todos los grupos envueltos en esta batalla se alimentan.

Con esto, y para concluir, creo que debemos añadir a estos señores a la lista de grupos a los que desmontar. Y con bastante más atención, dado que ellos no practican activismo visible y/o movilizaciones, sino que diseminan filosofía de forma silenciosa, explotando el aura de misterio y disidencia que tanto gusta al ser humano.

Me he equivocado, la bola de cristal me lanza el mensaje de oponerme a los movimientos postmodernos de supremacía moral, pero también contra los "anti-postmodernos" de la misma naturaleza surgidos de estos primeros.

Y hoy, solo os he hablado de uno de ellos...

Un abrazo, atlantes.

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